El modelo bio-psico-social

A finales de los 80 la atención a las drogas se encauzó dentro del paradigma de la salud pública. Se hizo una apuesta fuerte por implementar los Centros de Atención y Seguimiento a las Drogodependencias (CAS) que son centros ambulatorios de tratamiento públicos y de acceso directo (sin pasar por la consulta de atención primaria). En ellos, desde un inicio, trabajaban profesionales de diferentes disciplinas con modelos transversales de cooperación con otros centros. Desde su concepción, en los CAS se trató a personas con problemas relacionados con el consumo de alcohol, tabaco y las drogas declaradas ilícitas. El primer centro que ofreció un Programa de Mantenimiento con Metadona (PMM) se creó en 1986, en el centro de Barcelona, pese a la oposición de los vecinos y un gran número de profesionales sanitarios que en ese entonces era férreos partidarios del paradigma de la abstinencia. Los PMM de baja exigencia, dentro del marco de una política de reducción de daños, se demostraron altamente efectivos, ya que el 86% de las sobredosis y el 38% de las muertes por VIH/Sida se hubieran podido evitar si los usuarios de heroína hubieran estado en un PMM (Brugal, 2005).

La gestión de muchos centros se dejó en manos de entidades del Tercer Sector, lo cual imprimó una mirada comunitaria a la respuesta asistencial, y un perfil de profesional muy comprometido con su acción como agente social del cambio. De manera incipiente, se asimilaron actuaciones de Reducción de Daños (RDD). Por ese entonces, España ya era el país de Europa con la tasa más alta de prevalencia de VIH. “Barcelona era la segunda ciudad de Europa con la tasa de mortalidad más alta” (entrevista Teresa Brugal). Solo en Barcelona, en 1989 murieron 173 personas por sobredosis de heroína y 100 de SIDA (Brugal, 2005). Esta problemática catalizó a inicios de los 90, el impulso a los PMM y el trabajo de contacto a través de centros de atención a aspectos sociosanitarios básicos con ubicación y horarios adaptados a las dinámicas de la población consumidora. Costó unos años más extender los Programas de Intercambio de Jeringuillas (PIJ), pues se seguían considerando una forma de fomentar el consumo. Fueron las ONG’s las primeras que implementaron de facto dichos programas en “zonas calientes” de consumo inyectado y otros recursos, denominados de baja exigencia, para atender a las personas que quedaban fuera del sistema (Pretel, 2008). En pocos años se diversificó el acceso a jeringuillas a través de los servicios de atención primaria, educadores de calle, centros de tratamiento, hospitales, máquinas expendedoras, centros penitenciarios y salas de consumo higiénico. Un hito importante en el despliegue de los programas de RDD fue el acuerdo en el Colegio de Farmacéuticos que permitió que se ofrecieran los PMM y, con más dificultad, jeringuillas en las oficinas de farmacia. Por otro lado, de ese período cabe destacar la puesta en marcha de los sistemas de investigación epidemiológica, que aportaron información clave para identificar los múltiples factores y procesos que se asocian tanto al inicio como al mantenimiento del consumo de las diversas sustancias psicoactivas, así como la aparición de problemas relacionados con el consumo.

Pese a todos los esfuerzos por parte de varios agentes tanto sociales como políticos para intentar disminuir el consumo de cannabis en el país, siguen sin conseguir la fórmula y el consumo parece ir en aumento. Sin embargo un factor que no se tiene en cuenta pero es primordial y es el hecho de que no se enseña a los individuos a consumir este tipo de sustancias, vemos anuncios de cuántas frutas y verduras al día debemos comer, de cuánto omega3 necesitas para poder ser una persona vital… pero siguen sin informar sobre que cantidad de THC es recomendable y cómo se debe de consumir esta sustancia para que no sea perjudicial o minimizar los daños que se puedan causar. Los jóvenes cada vez inician su consumo más temprano y eso debería preocupar realmente a todos, deben conocer los efectos tanto negativos como positivos de esta sustancia y por ente a partir de que edad se recomienda su consumición y porqué, ya que debemos explicar y lograr que comprendan los motivos por los cuáles no es recomendable consumir cannabis en la adolescencia.

Por último, no sólo los adolescentes deben estar informados, los adultos incluso si llevan ya tiempo consumiendo, la gran mayoría de los consumidores no tienen un conocimiento real de la sustancia y es importante saber lo que uno ingiere, que efectos le produce tanto a largo como a corto plazo, y sobre todo cuál es el consumo más apropiado para la persona. Con nuestro software, podemos realizar un seguimiento de socios que consumen THC con fines terápeuticos para poder aconsejar, ayudar e informar sobre todas las dudas que puedan surgir sobre la temida “droga”, pero no creemos que sólo los socios terápeuticos deban tener este apoyo y por tanto estamos abiertos a poder ayudar e informar sobre el consumo de cada individuo de forma que podamos empezar a generar la educación del consumo responsable.

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